Rosa María Agudelo Ayerbe

Alzheimer: qué sabemos hoy sobre una enfermedad que todavía no tiene cura

A una semana del Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora cada 21 de septiembre, vale la pena detenerse en una pregunta que millones de familias se hacen cuando aparece un diagnóstico: ¿qué sabe realmente la ciencia sobre esta enfermedad?

La respuesta es muy diferente a la que habríamos podido dar hace apenas unos años.

El Alzheimer continúa sin tener cura, pero hoy sabemos más sobre sus factores de riesgo, existen nuevas posibilidades para detectarlo y han aparecido tratamientos capaces de ralentizar su progresión en determinados pacientes en etapas tempranas.

La investigación también está cambiando otra idea profundamente arraigada: que frente al Alzheimer poco podemos hacer.

No es una consecuencia normal de envejecer

La primera precisión es fundamental. La demencia es más frecuente después de los 65 años, pero no es una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 57 millones de personas vivían con demencia en 2021 y cada año se presentan cerca de 10 millones de nuevos casos. El Alzheimer es su forma más frecuente y representa entre el 60 % y el 70 % de los casos.

La enfermedad produce cambios en el cerebro que progresivamente afectan la memoria, el pensamiento y la capacidad de realizar actividades cotidianas.

Sin embargo, cada persona puede experimentar una evolución diferente.

La gran noticia está en la prevención

En julio de 2026, la OMS actualizó sus directrices sobre reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Hasta un 45 % del riesgo de demencia podría estar relacionado con factores modificables.

Esto no significa que el 45 % de los casos pueda evitarse con certeza ni que quien lleve una vida saludable esté protegido contra el Alzheimer. Significa que existe un espacio importante para actuar sobre el riesgo.

Entre esos factores aparecen la hipertensión, diabetes, colesterol elevado, tabaquismo, consumo nocivo de alcohol, inactividad física, aislamiento social, pérdida auditiva y exposición a la contaminación atmosférica.

La OMS recomienda actividad física, alimentación saludable, mantener actividad social y cognitiva y controlar factores cardiovasculares y metabólicos. También advierte que no existe evidencia suficiente para recomendar suplementos de vitaminas B y E, omega-3 o multivitamínicos para prevenir la demencia cuando no existe una deficiencia diagnosticada.

Es una conclusión importante: cuidar el cerebro también implica cuidar el corazón, el cuerpo y nuestras relaciones sociales.

También está cambiando la forma de diagnosticarlo

Durante décadas, el Alzheimer se diagnosticó principalmente cuando los problemas de memoria y pensamiento ya eran evidentes.

Eso está cambiando.

Los avances en biomarcadores permiten identificar alteraciones relacionadas con proteínas como beta-amiloide y tau mediante líquido cefalorraquídeo y, cada vez más, pruebas de sangre. La Alzheimer’s Association publicó en 2025 una guía clínica para el uso de biomarcadores sanguíneos en centros especializados.

Estos avances no significan que cualquier persona deba realizarse una prueba de sangre para saber si tendrá Alzheimer. El diagnóstico sigue requiriendo valoración médica y la interpretación de los resultados dentro de cada caso.

Pero muestran hacia dónde avanza la medicina: detectar antes para poder intervenir antes.

Los tratamientos también están cambiando

Durante años, los medicamentos disponibles estuvieron dirigidos principalmente a controlar síntomas.

Ahora existe una nueva generación de terapias dirigidas contra la acumulación de beta-amiloide en el cerebro. Entre ellas están lecanemab y donanemab, aprobados para determinados pacientes con Alzheimer temprano y evidencia confirmada de acumulación de amiloide.

Es importante no crear falsas expectativas.

Estos medicamentos no curan el Alzheimer, no recuperan los recuerdos perdidos y no están indicados para todos los pacientes. Su objetivo es ralentizar el deterioro cognitivo y funcional en personas cuidadosamente seleccionadas y requieren seguimiento médico especializado.

De la resignación a la acción

Para mí, estos avances tienen un significado especial.

Durante cerca de quince años acompañé a mi mamá, Gloria Ayerbe, en su camino con el Alzheimer. Muchas de las herramientas diagnósticas, conocimientos y tratamientos que existen hoy simplemente no estaban disponibles cuando comenzó nuestra historia.

Por eso miro los avances científicos con esperanza, pero también con prudencia.

Todavía queda muchísimo por descubrir. No tenemos una cura y no podemos asegurar quién desarrollará la enfermedad.

Pero algo sí ha cambiado: sabemos que hay factores de riesgo sobre los que podemos actuar, podemos reconocer antes algunas señales, contamos con mejores herramientas diagnósticas y comienzan a existir tratamientos capaces de modificar parcialmente el curso de la enfermedad en algunos pacientes.

A una semana del Día Mundial del Alzheimer, quizás ese sea uno de los mensajes más importantes.

El Alzheimer sigue siendo una enfermedad difícil. Pero ya no estamos exactamente en el mismo lugar que hace diez o quince años. Y la ciencia continúa avanzando.