El Principito le pidió al piloto que le dibujara un cordero. Después de varios intentos, el piloto dibujó una caja y dijo: “El cordero está adentro”.
El Principito quedó feliz porque podía imaginarlo. Los niños todavía ven posibilidades donde otros no ven nada.
En las empresas muchos líderes creen que todo debe estar completamente explicado, controlado y definido. Pero las mejores ideas suelen comenzar dentro de cajas que todavía nadie entiende del todo.
La innovación comienza cuando dejamos espacio para imaginar.