El Principito decía: “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo importante”.
Las empresas suelen creer que el valor está solamente en los resultados, las ventas o el crecimiento.
Pero casi siempre lo más importante se construye en silencio: el tiempo para escuchar, enseñar, acompañar, confiar.
Las culturas fuertes se cultivan, como la rosa del Principito.